DA

Da es una metamorfosis. Es una voluntad de confianza: dar sin miedo a perder. Es un camino hacia la luz: “Nunca se queja el sol de que hoy también”, dice ‘Muta’, uno de los temas de este trabajo. Es una toma de conciencia radical: lo que no te da, te quita. Y lo que no quita: da.

Da es una insurrección artística. Es una apuesta por el aquí y el ahora. Dúa da Pel se aleja voluntariamente de la virtualidad todopoderosa para rescatar el valor sagrado, efímero e irrepetible del arte en vivo. En una época donde todo se consume de forma masiva y distante, Dúa da Pel elige la presencia. Elige el aire que vibra en la sala, el silencio compartido, la mirada directa. El misterio que sólo ocurre cuando los cuerpos habitan un mismo espacio y un mismo tiempo.

Da es un rito. No se puede comprar, no se puede pausar. Sólo se puede experimentar. Quien quiera escuchar este trabajo tendrá que llevar su cuerpo al teatro, tendrá que respirar con el grupo. Cada concierto será único, a veces parecido al anterior, a veces no. Depende del día; de los cuerpos que llenen la sala; de Dúa da Pel, que siempre dará todo lo que tiene. Más o menos, según el momento, pero siempre todo, porque el escenario es su casa y su horizonte.

En Da el agua ocupa un lugar protagonista. Agua: el verdadero oro líquido, hacedora de vida y de presencia. Así lo escribió Amélie Nothomb en ‘Sed’: “Ningún placer se aproxima al que, cuando te estás muriendo de sed, produce un vaso de agua”.
   
La escenografía está formada por dos botijos (símbolo emancipador contra la plaga del plástico), dos sillas, una mesa y una serie en aumento de laberintos esféricos de barro crudo creados por Sonia Megías. El laberinto como una invitación a la búsqueda de la esencia.

Las letras de Da se desplazan hasta el fondo de lo conocido para encontrar lo nuevo, en un firme compromiso con la función poética, que no pretende explicación alguna, sino abrirse a la experiencia profunda del misterio. En la música encontramos toques neomodales; juegos métricos y amalgamas al estilo de Stravinsky, Bartók, Reich o Meredith Monk; técnicas expandidas a nivel vocal e instrumental; y bandurrias, guitarra española, panderos, pequeñas percusiones, o un amplio abanico de cachivaches que en las manos de Dúa da Pel alcanzan el rango de instrumentos.

Una experiencia catártica gracias a la hondura de la palabra y una depurada técnica compositiva, que hace posible que dos voces a veces acompañadas casi exclusivamente de percusión nos lleven tan lejos y tan adentro. 

Dúa da Pel amplía la canción de autor.